La Inmersión es una forma de educación bilingüe usada para describir programas educativos para estudiantes de idioma mayoritario y que utiliza un segundo idioma o un idioma extranjero en la enseñanza de al menos un 50% del currículum durante la educación elemental o secundaria. Canadá es el mejor y más conocido ejemplo: el gobierno federal ha apoyado decididamente el establecimiento de Canadá como un país bilingüe y ha ayudado al establecimiento de sistemas pioneros de educación bilingüe en francés en el sistema educativo público por todo el país. Estudiantes de habla inglesa sin previa educación en francés realizan todo su trabajo en los colegios en francés.
El término es utilizado con frecuencia como sinónimo del "método directo", un método de enseñanza de idiomas extranjeros o segundos idiomas que tiene las siguientes características: a) sólo el idioma que se aprende es usado en las aulas; b) los significados se comunican "directamente" asociándolos con formas de habla como acciones, objetos, mímica, gestos y situaciones; c) la lectura y escritura son enseñadas únicamente después de la conversación, y d) la gramática es enseñada de forma inductiva, es decir las reglas de gramática nunca se se enseñan a los aprendices.
La Inmersión del francés en Canadá ha sido una historia de éxito. La mayoría de los resultados de la investigación han sido positivos, y cada año miles de estudiantes por todo Canadá se gradúan con excellentes habilidades en ambos idiomas. El éxito se debe a un número de factores: la calidad del programa ofrecido en los colegios, la efectividad de las enseñanza, y en una gran medida la actitud positiva de los padres y de la sociedad en general en relación al bilingüismo.
En cuanto a la enseñanza de un idioma extranjero, los métodos de "inmersión" tienen obviamente efectos muy positivos en la producción de habla espontánea y, en general, produce buenos resultados más rápido en términos de las habilidades verbales de los estudiantes. Sin embargo, las pruebas de que tales métodos son más efectivos en la mejora de las habilidades lingüísticas generales de los estudiantes, o de que produzcan beneficios a largo plazo para la escritura o las habilidades orales, todavía están por verse.
Es una exageración decir que "la inmersión total es la mejor forma de aprender un idioma". No hay evidencias creíbles para apoyar la afirmación de que a más expuestos estén los estudiantes al idioma que se aprende, más aprenderán de ese idioma. La investigación demuestra que lo que importa no es la cantidad, sino la calidad de esa exposición al idioma. La exposición a un segundo idioma debe ser "comprensible" para fomentar la adquisición del mismo. Si dejamos a los estudiantes a su libre albedrío en un aula donde se habla un segundo idioma, con poca o ninguna ayuda para la explicación de lecciones, no aprenderán gran cosa sobre el segundo idioma. Si la instrucción por un hablante nativo se introduce en el aula para dar sentido a las lecciones, aprenderán mucho más.
Casos de estudio en Inglaterra y en EEUU han mostrado que no es mejor que los alumnos pasen el mayor tiempo posible expuestos al segundo idioma dentro del contexto de éste para así aprenderlo más rápido. Varios programas se han desarrollado de acuerdo al modelo de inmersión francesa, dirigidos a que hijos de familias inmigrantes adquieran inglés. Durante la duración de los estudios, niños en clases bilingües con exposición a su lengua materna y al inglés, adquieren habilidades en inglés equivalentes a las adquiridas por niños que han estado en programas enseñados únicamente en inglés. Esto no parecería lógico si el tiempo de exposición fuera el factor más importante en el aprendizaje de idiomas.
Los investigadores también advierten en contra de dejar la ayuda lingüística en el idioma materno demasiado temprano y sugieren que las habilidades de comunicación hablada en un segundo idioma deben adquirirse en 2 o 3 años, y que puede tardarse de 4 a 6 años en adquirir el nivel de destreza necesario para comprender el idioma en sus usos académicos.
Además, la edad de primera inmersión en un idioma extranjero tiene un efecto en el resultado final. Aprendices de un segundo idioma inmersos en el idioma nuevo desde una temprana edad parecen obtener por lo general habilidades nativas o casi nativas. Aquellos inmersos en el nuevo idioma en la adolescencia o más tarde parece que, por lo general, no se aproximan tanto al idioma nuevo en su consciencia lingüística. Por supuesto no todos los hablantes entran en estos esquemas; por ejemplo, algunos de los que empiezan muy temprano no tendrán éxito y algunos de los que empiezan tarde tendrán mucho éxito.
La investigación también se ha centrado en las clases de Inglés como Idioma Extranjero (EFL) por todo el mundo. La mayoría de esas clases se enseñan generalmente por un profesor de inglés no nativo, y en la mayoría de los casos son hablantes que pertenecen a un trasfondo monolingüe y a un único trasfondo cultural. Muchos profesores en esta situación harán un esfuerzo por usar el inglés tanto como sea posible en las clases, dando instrucciones en inglés, enseñando el metalenguaje básico del inglés de las aulas, requiriendo de los aprendices el uso del inglés cuando hacen preguntas, insistiendo en el uso del inglés en el trabajo en grupo y trabajo por parejas, etc. Esto es todo extremadamente positivo y seguramente produce buenos resultado.
No obstante, en lo que el profesor de inglés no nativo disfruta de cierta ventaja sobre sus colegas hablantes nativos que ignoran la lengua madre de los aprendices, es en la habilidad de usar el idioma materno cómo y cuando es requerido. El idioma materno puede usarse para proveer una traducción rápida y precisa de una palabra inglesa que podría tardar varios minutos en ser explicada por el profesor, e incluso entonces no habría garantías de que la explicación ha sido entendida correctamente. (Para evitar excesiva dependencia en la traducción, algunos profesores tienen como norma no dar una traducción verbal para una palabra concreta cuando se les pregunta, sino que escriben la traducción en la pizarra cuando es absolutamente necesario para así limitar un excesivo y automático uso del idioma materno en la clase).
El idioma materno es particularmente efectivo también con los aprendices más jovenes y con los adultos a un nivel principiante para comprobar instrucciones, para asegurarse de que los conceptos se han entendido correctamente y para la dirección general de la clase. En el caso de la comprobación de conceptos, por ejemplo, si el profesor ha estado explicando la diferencia entre el participio y el pasado simple, como en el ejemplo "John ha ido a Paris" y "John fue a Paris", al pedir a la clase que ofrezcan una rápida traducción a la lengua madre, el profesor podrá asegurarse totalmente de que esos conceptos han sido comprendidos. Lo que es más, hay evidencia empírica de que ciertas áreas de la gramática son más susceptibles de ser enseñadas de forma estricta: algunas cosas no pueden enseñarse de forma inductiva. Algunos grupos experimentales de estudiantes en "inmersión" parece que alcanzan un alto nivel de competencia, aunque continúan experimentando considerables y persistentes dificultades morfológicas y sintácticas, incluso después de varios años de exposición al nuevo idioma.
Quizá la mayor ventaja potencial del conocimiento de la lengua madre de los estudiantes es que permite al profesor contrastar la misma con el inglés y conocer qué estructuras son más difíciles y, posiblemente más importante, qué estructuras son fáciles y por tanto necesitan menos atención. El profesor con conocimientos de la lengua materna está así mismo en posición de detectar potenciales problemas con el vocabulario – "amigos falsos", palabras que se confunden fácilmente, palabras sin equivalentes, etc.
Finalmente, algunos estudiantes necesitan la seguridad que ofrece la lengua materna. Pueden ser el tipo de aprendices que necesitan relacionar conceptos en inglés con los equivalentes en su lengua materna. Esta es posible que sea su forma más efectiva de aprender vocabulario. También es posible que crean que el tener un equivalente en su lengua nativa es la forma más eficiente de llegar a un significado concreto, y no el constante proceso de averiguar el mismo.